
Diría aquel ilustre gobernador jujeño de las primeras décadas del Siglo XX, el Dr. Horacio Carrillo: “Honrar a la Virgen de Río Blanco es honrar a Jujuy, es honrar una historia y una tradición hermosa. Es honrar un pasado de resistencia y de rebeldía. Es honrar la vieja fe cristiana de nuestros mayores y rendir en la “Paipaya”, el homenaje más justo a los que supieron resistir, sufrir y morir para afirmar en Jujuy, la civilización, el progreso y la libertad…..”
Por desgracia, la historia ha sido tan parca en legarnos una documentación continuada y con detalles de la Virgen y su ermita, que es necesario llenar los silencios en la relación de los hechos, situaciones y milagros, con la tradición oral de nuestros antepasados, transmitida de generación en generación, en los hogares jujeños.
La historia de nuestra Virgen se une a las leyendas de los comienzos de la colonización americana ya que la conquista se hacía difícil por la diversidad de tribus indómitas que habitaban sus valles y montañas y la Santísima Virgen contribuyó eficazmente a pacificar aquellas tribus entre las que se contaban los Paypayas. Nómades por naturaleza cuyo origen no se ha comprobado aún, pero por documentos existentes en los archivos de la Provincia, se sabe que habitaron a las márgenes del río Corral de Piedras entre Tilquiza y Ocloyas, región propicia para estos pueblos errantes que vivían de la caza y de la pesca (eran los dominios del Dr. Ovando)
Un día, levantando sus tolderías y remontando la cuesta Larga, bajaron por el Cucho y Amancay y fueron a establecerse en las confluencias del Arroyo Seco (de los Blancos), Anastoro y Río Grande y formaron una población como se observa en los restos arqueológicos existentes, que debió ser importante.
Este pueblo atentó contra la ciudad de Jujuy muchas veces pero cada vez que querían llevar a cabo sus planes, se les aparecía sobre un “pacará”, la Virgen del Rosario, luciendo su espléndido vestido color rosa, manto celeste y empuñando su bastón de soberana. ¡Me imagino el susto y el temor que en ese momento deben de haber sentido! Así en diversas ocasiones la tribu de Paypaya pretendió asolar este pueblo pero esa señora volvía a presentárseles, impidiéndoles el paso.
Así fue según se cuenta, que la fe penetró en sus corazones, rindieron sus armas y facilitaron a los misioneros la conquista evangélica.
La imagen de la Virgen del Rosario estableció su trono de reina, señora y redentora de aquel pueblo. Después de ello, los jesuitas pudieron emprender la conquista civilizadora de las demás tribus: Osas, Ojotas, Ocloyas, Tobas, Mocovíes (provenientes de Paraguay), Omaguacas, Purmamarcas, hasta los Calchaquíes y otras razas más que asediaban al pueblo de Jujuy.
Se cuenta que por el año 1.714 la imagen fue trasladada a Río Blanco, población más cercana y con fértiles valles que destinaron para el cultivo. El acta de su traslado y una campana con una inscripción “SOY DE NTRA. SRA. DEL ROSARIO DE PAIPAYA – 1696” se conservan en la Iglesia Matriz.
Por su parte Monseñor Germán Mallagray nos revela algunos antecedentes relacionados con Ntra. Sra. del Rosario de Rio Blanco y Paypaya.
“Desgraciadamente es muy poco lo que se puede aportar acerca del origen de la imagen porque no hay datos precisos y la tradición nos dice muy poco, todo se basa en conjeturas más o menos acertadas pero no probadas. Lo primero de lo que se habla es sobre la aparición: surgida bajo la sombra de un coposo pacará en la junta del Río Grande con el Xibi-Xibi (aunque no hay documentos que acrediten esto)”.
Otra tradición nos habla de la aparición de la Virgen a los indígenas que pretendían destruir la ciudad en especial en tiempos en que el alzamiento calchaquí estaba tomando características terribles. Los indios de todas las regiones se coaligan para arrojar al invasor español. En Jujuy, Viltipoco, comanda las huestes que algunos historiadores hacen aparecer como de diez mil indios. Sea como fuere, Argañarás, con un golpe de mano y con un puñado de hombres, se dirige hasta Purmamarca amparado en las sombras de la noche. Allí encuentra a los indígenas durmiendo su borrachera y no le resulta difícil apoderarse del caudillo, con lo que da fin al levantamiento por lo menos en lo que toca a Jujuy. Los indios se desbandan y San Salvador recientemente fundado, se salva. De aquí data la tradición que asevera que la Virgen se habría aparecido a los indios mandándoles retirarse de la ciudad, amenazándole con su bastón. Esto es lo que dijeron los mismos indios. Muy hermosa la tradición aunque muy repetida. No dudamos del milagro pero no hay documentación respaldatoria para comprobarlo.”
El P. Germán, en el N° 38 de la revista “Grito Verde” reflexiona lo siguiente: “Octubre es el mes del renacer espiritual de los jujeños. Octubre es el mes de las peregrinaciones, de la Fiesta, de la fe, del corazón religioso y cristiano de los jujeños. Nadie que se precie de jujeño podrá prescindir de la devoción a María del Rosario porque hace a la identidad más profunda de nuestro sentir. Muchas veces he escuchado de labios jujeños: “yo soy bien jujeño, Padre y desde chiquito voy a Río Blanco”. Y es verdad. Son miles los que podrían repetir esa frase.
Pero cabe preguntarnos en este octubre del 98, ya casi a las puertas del 2000: Y María ¿qué dice? Porque es lindo escuchar lo que dicen los jujeños, lo que dice la gente, pero no siempre escuchamos lo que nos quiere decir María. Y ella, la Madre de Jesús no nos habla con palabras, que son muy pocas en el Evangelio, sino que nos habla sobre todo con los gestos.
La palabra rescatable de María para nosotros, podría ser “Hagan lo que El les diga”, que es lo que dijo en Caná de Galilea, cuando Jesús cambió el agua en vino. Pero de María rescatamos sobre todo los ejemplos, porque su vida es un ejemplo para nosotros. Si la devoción a María del Rosario no nos lleva a imitarla, sería una devoción inservible. Tres cosas, entre las muchas que podemos aprender de Ella:
La Sencillez: María es una mujer sencilla, de pueblo, sin vueltas ni dobles discursos. ¡Cuánta falta nos hace la sencillez! Miramos continuamente el panorama que nos rodea, el panorama humano de tantas y tantas personas que complican a los demás con su falta de claridad. Y uno desconfía, porque ante tanta mentira y corrupción, pocas ganas quedan de confiar. Necesitamos aprender la sencillez, la transparencia, la simpleza de María. Necesitan aprenderla los dirigentes. Hace poco hemos asistido al espectáculo de unas elecciones internas y ahora vendrán otras y otras… y uno no sabe si creer o no en lo que dicen. La falta de sencillez y transparencia de muchos ha producido la carencia de confianza en todos, o casi todos. Necesitan aprenderla los padres de familia, porque papá y mamá tienen que ser en la casa ejemplo de sencillez y confianza en el Señor. ¡Cuántas complicaciones infantiles y cuántos embrollos a causa de la falta de sencillez y transparencia! ¿Por qué complicamos lo que es más simple? ¿Por qué hacemos un escándalo de lo que es un simple problema a resolver? Necesitan aprenderla los docentes, los jefes, los empresarios, todos. Si fuéramos más sencillos, más cercanos, más humildes, nuestra sociedad cambiaría
La Gratuidad: María se puso gratuitamente, generosamente, al servicio de Dios y de los demás, Ella no cobró sus servicios a la evangelización. Ella simplemente se brindó. ¡Cómo hemos perdido la capacidad de entrega y de servicio generoso! Hoy pareciera que todo se compra y se vende… ¿hasta las candidaturas? Poderoso caballero es Don dinero, dice un viejo adagio. Y así es la realidad. Pocos que tienen mucho y que quieren cada vez más y muchos que tienen poco y cada vez, tienen menos. Si muchos de los que “cobran” muy bien su “puesto” se decidieran a cobrar menos o a ser más generosos, muchas cosas se podrían hacer. Es admirable la capacidad de entrega y servicio gratuito a la comunidad que tienen muchas personas humildes de nuestros barrios. Gente que cocina para los chicos de los comedores simplemente para poder comer un plato de comida al mediodía. De María hemos de aprender la generosidad de lo gratuito.
La Coherencia: María dijo sí a Dios y su sí fue SÍ. Ella permaneció fiel a la palabra dada. Hoy asistimos al triste espectáculo de muchas palabras dadas y no cumplidas. Muchas promesas de campaña que luego no se hacen realidad. Muchos proyectos que después no se tratan. Muchos trámites prometidos que después quedan en intenciones. Lo menos que deberíamos pedir de los demás y especialmente de los dirigentes, es la coherencia. Cuando uno da su palabra, la cumple. Cuando uno promete algo lo cumple si no se ha tornado imposible. Nuestra provincia está enferma de falta de coherencia. Si de unos años a esta parte muchos de nuestros dirigentes hubiesen sido más coherentes, estaríamos transitando otros caminos.
| FUENTE |
Secretaria de Turismo y Cultura de la Provincia de Jujuy
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