| LAS VÍRGENES DE HUMAHUACA EN PARTICULAR |
| LAS VÍRGENES DE HUMAHUACA EN GENERAL |
La pintura seriada ocupa un lugar importante en la producción artística americana y aunque su origen hay que buscarlo en Europa y en las catequesis visuales que suponían para el pueblo, en América esto fue ampliamente aprovechado en la evangelización popular, reforzando las doctrinas con estas pinturas didácticas, verdadero libro visual para la gran mayoría del pueblo. En muchos monasterios y conventos es corriente ver la vida de los santos fundadores dispuestos en las paredes como una historia pintada. En el mismo sentido figuran tantos vía crucis presentes en todas las Iglesias, que no es otra cosa que el Evangelio hecho arte en la pintura o en la escultura, hecho catequesis visual.
Es una serie bastante común en la iconográfica religiosa la representación de Santas o Santos para ser exhibidos en conjunto, en concreto en la pintura española del Siglo XVII Francisco de Zurbarán pintó varias colecciones en este sentido, incluida una obra sobre las Santas Vírgenes, que fue enviada a Buenos Aires, pero de la que no sabemos nada más que ese envío de un total de quince lienzos. (1)
Estas están realizadas, con toda probabilidad en el Cuzco, en algún taller de los muchos que se dedicaban a la pintura y son una muestra del trabajo en serie propio de esa época y de estos centros de producción pictórica. Las orlas de flores que rodean las pinturas delatan su origen, aunque en uno de los lienzos puede observarse con claridad la intervención de una mano distinta, más artística y prolija en sus detalles que en el resto. En el caso de Santa Bárbara, la orla de flores, que está realizada sin mucho detalle y estereotipadamente en los cinco lienzos restantes se ha trabajado con más detenimiento, incluyendo una llamativa amapola en la parte superior izquierda de la orla.
En todas las descripciones que se han realizado de las pinturas en distintas publicaciones se coincide en señalar el origen anónimo y seriado de las obras pero tras su restauración, aun sin apartarnos de estas afirmaciones si podemos señalar que aparecieron con nitidez las texturas de las telas, brocateadas y suntuosas en algunos casos como los de Santa Cecilia, Santa Águeda y Santa Dorotea. Tienen una influencia del estilo de moda en la corte de Madrid, con rasgos e influencias de la pintura de Zurbarán, aunque mucho menores en calidad.
Todas presentan una rica simbología, de escaso significado para el público de hoy, puesto que se han perdido las referencias culturales y populares de las mismas. Por ejemplo, el hecho de aparecer todas con la cabeza descubierta y con un ligero velo casi transparente nos está indicando su condición de vírgenes, puesto que así es como las doncellas vírgenes se presentaban en la época, las señoras casadas o las no vírgenes iban siempre con la cabeza cubierta. La rama de palma verde que sostienen en una de sus manos hace referencia al martirio, es decir, a una muerte violenta por su fidelidad a Cristo y todas presentan alguno de los símbolos de su martirio. La gente de la época, que conocía las historias de los mártires, podía rápidamente identificar a los santos, aun sin sus nombres escritos en los lienzos, por esta rica simbología de fácil interpretación para quienes la conocían y vivían a través de la religiosidad popular.
De todos modos, esta colección presenta algunas originalidades dentro de su tipismo, ya que Santa Cecilia no muestra ningún instrumento musical como es tradicional en la representación de esta Santa, sino un libro de música en las manos, cuya notación musical está en desuso para la época en que se pinta el lienzo, lo que posiblemente nos induce que se ha copiado de algún grabado antiguo o que se tomó como referencia algún manual musical viejo. Santa Úrsula, hija de un príncipe, aparece con corona real y sosteniendo un estandarte y no aparecen las flechas propias de su martirio y con las que suele representarse la imagen de la Santa. En ambos casos posiblemente, el autor o autores de las obras buscaron tener una cierta uniformidad en las proporciones de las pinturas y los símbolos utilizados. Del mismo modo Santa Dorotea, que aparece tradicionalmente con una cesta de flores y frutas, porta en este caso una corona de flores en sus manos, convirtiendo su propio vestido en portadora de estas flores.
Todas están vestidas con ricas telas a la moda de las jóvenes de la alta sociedad. En algunos casos con adornos de joyas. En algunos de los cuadros es posible observar distintas manos, como por ejemplo los mantos de santa Bárbara y santa Cecilia son obras de la misma mano, distinta del autor de los ropajes de Santa Dorotea más trabajados y con más detalles que los de Santa Águeda, Santa Bárbara y Santa Apolonia, por ejemplo.
Otra originalidad son los nombres, Santa Cecilia es nombrada acá como Santa Cicilia y Santa Apolonia como Santa Polonia, siguiendo en este último caso a Zurbarán que identifica de las misma manera a esta santa en una obra suya.
La presencia de colecciones de santos o santas era algo de moda en el Siglo XVII cuando se pintan estos cuadros, por eso no es de extrañar que la Iglesia de Humahuaca quisiera enriquecer su patrimonio con la adquisición de las mismas. Curiosamente, en los inventarios aparecen como cuadros de santas de distintas advocaciones y parece que en su origen estuvieron ubicadas a los costados del presbiterio, en el Altar Mayor.
Sobre la elección de las santas representadas no hay ninguna referencia, todas son mártires de los primeros siglos, asesinadas durante las persecuciones religiosas desatadas por Diocleciano o Decio, excepto santa Úrsula que es víctima de las invasiones bárbaras, que iniciaron el final del Imperio. Muchas de ellas provienen de familias nobles, en las que iba prendiendo la nueva fe cristiana, pero en muchos casos son víctimas de la persecución y entregadas por su propia familia al martirio. La presencia de Santa Bárbara, que es una advocación repetida en la zona, incluso en Humahuaca tuvo su propia Iglesia, con retablo dorado, desaparecida en las Guerras de la Independencia, este tal vez asociada a las llamativas tormentas relacionadas al abundante aparato eléctrico de los rayos, propios de la zona, que posiblemente llamara la atención de los españoles, no acostumbrados a ello. Santa Cecilia posiblemente se encargara por devoción de los Maestros de Capilla, quienes a mediados del Siglo XVIII tenían en marcha una floreciente escuela de música con un nutrido grupo de cantores e instrumentistas.
Las pinturas se realizaron sobre dos o más retazos de tela de algodón, con hilado semigrueso y trama abierta, unidos por costuras. (2) por los materiales empleados y por la técnica pictórica se asemejan a los Ángeles Arcabuceros de Uquía, sin que esto quiera decir que proceden del mismo taller, aunque sí que fueron pintadas en la misma época.
Durante su restauración, finalizada en el año 1.991, por la Fundación Tarea, se entelaron todas las pinturas sobre tela de lino y se renovaron los bastidores.
1. Francisco de Zurbarán, en ese momento pintor del rey, envió a Buenos Aires en 1.649, quince lienzos de Santas vírgenes, otros quince de reyes y hombres famosos, veinticuatro lienzos de Santos y Patriarcas y nueve paisajes flamencos, además de colores y pinceles, como señala M. Luisa Catarla en su obra “Zurbarán exporta a Buenos Aires”, publicado en A.I.A.A.I.E, nº 4, Buenos Aires 1.951, citado también por H. Schenone, “Historia General del Arte Argentino”, Pintura, pág. 18.
2. Extractado de los informes de restauración realizados por la Fundación Tarea y conservados en el Archivo de la Prelatura de Humahuaca.
Un Tesoro en Vasija de Barro, Vírgenes y Profetas de Humahuaca – Prelatura de Humahuaca, Departamento de Bienes y Arte Sacro – www.HUHUHUY.com.ar©
Prohibida su copia parcial o total sin autorización expresa la empresa.
www.HUHUHUY.com.ar
El Portal Turístico de la Provincia de Jujuy |